"Incapaz de llevar adelante objetivos valorados, renuncia a ellos pero continúa no obstante conformándose y siguiendo apegado a las reglas prevalecientes. Junto con la renuncia a los objetivos valorados y disminución de los niveles de aspiración, aparece la adhesión a determinado tipo de ritualismo."
Con algunas de estas palabras definía el sociólogo americano Robert Merton, a mediados de siglo, a un tipo de conducta desviada ante distintas tensiones, creada por algunos individuos que denominó ritualistas.

Esta conducta bien podría caberle a las autoridades nacionales, que siguen resignando objetivos, si alguna vez los tuvieron (queremos creer que sí), en la posibilidad de cambiar el rumbo del pais. Llevan de la mano a su inquebrantable apego a las reglas prevalecientes (las que fija el poder económico nacional y fundamentalmente internacional), encontrando en la justificación discursiva (mentira organizada) su rito exterior.

Mientras estos "ritualistas" proceden en consecuencia, nuestra Nación se sigue endeudando en forma alarmante y un nuevo ajuste aparece con las nuevas medidas. Nuestra gente, sumergida cada vez más en la miseria, reclama cortando rutas. Los trabajadores que aún quedan cada vez pueden menos, la clase media cae estrepitosamente, por miles deambulan nuestros jóvenes en busca de trabajo, la inseguridad crece día a día. Estas son, entre otras, las cosas que suceden en nuestra querida Patria, mientras algunos "ritualistas", como un trasnochado funcionario de la seguridad nacional acusa de "forajidos" a las principales víctimas de este modelo, como son los habitantes de Tartagal y Mosconi de la Pcia. de Salta.

Es indudable que de esta crisis no se saldrá fácilmente. Harán falta muchas medidas, pero fundamentalmente hace falta decisión política para generar una concertación nacional con los distintos sectores políticos, sindicales, empresariales, religiosos y todos aquellos que entiendan y crean que es posible reconstruir la Argentina. Desde el fondo de nuestra historia sobran los ejemplos: la valentía y la estrategia de San Martín, el concepto de soberanía de Rosas, el federalismo de Quiroga, la intransigencia de Alem, la dignidad de Yrigoyen y fundamentalmente la visión de modelo argentino de Juan D. Perón. Así es como podría generarse la reconstrucción necesaria, antes de que sea demasiado tarde.

Recuperar nuestra historia es recuperar la esperanza y nuestras utopías, y esta no es tarea para "ritualistas", sino para aquellos que tengan grandes objetivos, siendo imprescindible para esta tarea, contar con un peronismo que no piense solamente en cómo ganar las próximas elecciones, sino que además sea capaz de articular un gran Frente Nacional con los sectores políticos y sociales que logren enterrar definitivamente este modelo de exclusión y dependencia generando desde nuestras banderas historicas todo lo nuevo que sea necesario para torcer el rumbo y el destino de todos los argentinos. Éste es el desafío.

Lalo Marchesi