LA CRISIS DE LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA Y EL PERONISMO

por Hugo A. Franco

Este documento, escrito por el Compañero Hugo Franco, ex diputado nacional por la Juventud Peronista en el 73, data de diciembre de 1997, pero creemos que, por su vigencia, significa un valioso aporte para la discusión. Por su extensión, lo publicamos en dos partes. He aquí la segunda.


LA IDEOLOGÍA DE LA NO-IDEOLOGÍA


El cambio repentino del marco histórico, descubrió a nivel mundial la caducidad de los antiguas formas y liderazgos ideológicos. Aunque este fenómeno fuera visto por los presuntos triunfadores, como el fin de los acontecimientos históricos (Fukuyama) y la vigencia del reino de la felicidad, no dejó de tener las mismas consecuencias: La lucha por las ideas había perdido gran parte de su aspecto místico. Se habían debilitado las grandes concepciones del mundo que tenían solución para todos los problemas universales y que ofrecían una lente con que interpretar todos los acontecimientos del mundo.


En realidad, el hombre no había perdido su capacidad de pensar, como parecen indicar algunos pensadores, pero de repente habían cambiado los marcos históricos que hasta ese momento no habían estado en discusión, y lo fundamental, que habían servido durante mucho tiempo de referencia a la discusión anterior.


Semejante cambio, que a nivel histórico será interpretado alguna vez como una normal transformación cultural, a nivel político se vive como una crisis sin precedentes. La ausencia de marcos de referencia produjo la visión de corto plazo de vaciamiento del pensamiento político. Lo grave es que, si bien bastante irracional, la simpleza de este razonamiento ofreció así una salida fácil. Y como en toda época de crisis no podía faltar la aparición de la decepción, el fatalismo o el cinismo triunfalista, simplificándolo todo. Si lo ideológico había caducado, era fácil proclamar la "muerte de las ideologías". Que en realidad no pude ser otra cosa que la ideología de la no-ideología. Claro que en nuestro caso no fue la interpretación filosófica de aquellos que se creían ganadores de una guerra, sino la santificación de la pereza intelectual, del no-pensamiento con toda la gama de contradicciones que esto implicaba.


De esta manera, sin darnos cuenta que - mal o bien- el mundo de lo ideológico significaba la vigencia de un orden de valoración, amparados en un retraimiento de los sentimientos populares, se propuso alegremente la vigencia del mundo desideologizado, un mundo pragmático, un mundo que, sin expresarlo taxativamente, también implicaba un fuerte deterioro de las escalas valorativas. En vez de buscar la confluencia de nuestro ser político con la coyuntura histórica, fue más fácil la vacua adaptación. Así, entre el peso de una fuerte tradición de sufrimientos y de glorias y una salida política que aparecía como irremediablemente contradictoria, pocas eran las salidas que cualquier activista podía tener. Cuanto más consciente fuera esta contradicción más personal, interesada, burocrática, decepcionada, rapaz o cínica tenia que ser su actitud.


EL PARTIDO POLÍTICO Y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN


Antes, la adhesión a doctrinas y liderazgos estructurados ofrecía la seguridad de objetivos políticos de cierta permanencia. Por esta razón el Partido Político constituía una abigarrada red de canales de comunicación por donde circulaban tanto las directivas como la consulta a la opinión pública. En general, la voz de la voluntad partidaria era la confirmación más o menos duradera de idearios y conducciones establecidos. La fuerza de la convicción daba cierta permanencia a la adhesión. El Pueblo opinaba a través de su adhesión, y como su adhesión era fuerte, su opinión también. En el Peronismo esta situación fue particularmente marcada, pues su estructuración siempre descansó sobre una constante manifestación de esa adhesión.


Ahora, se ha transformado la realidad de las estructuras políticas. La caducidad de las metafísicas políticas ha debilitado al Partido como estructura de comunicación y le ha quitado a la adhesión su carácter estable. Sin embargo, este fenómeno no modificó en forma notoria el ejercicio de la conducción. La inercia de la actividad política de alto perfil de liderazgo, llevó a la dirigencia en general a la búsqueda del mantenimiento de altos niveles de adhesión que los antiguos nucleamientos partidarios se habían tornado incapaces de darle. De estas forma, la vía de rápido contacto con la ciudadanía pasaron a ser los medios de comunicación los cuales fueron usados para reemplazar las estructuras partidarias. En la Argentina, a partir de l983 en donde queda palmariamente establecido su poder.


Pero a diferencia de esas estructuras, los medios no ofrecen la posibilidad del retorno de opinión que la fluctuación de una adhesión estable ha transformado de vital necesidad. Sin ese retorno la dirigencia parece quedar aislada. De esta forma, la operación política a través de los medios de comunicación y el sondeo de opinión surgen como un nuevo elemento de la política.


Dos nuevos elementos han aparecido así, en la práctica política: el manejo del nuevo ámbito mediático y la difícil tarea de interpretación de las respuestas que el Pueblo da frente a las preguntas de sus nuevos dirigentes-encuestadores. Los dos han sido manejados con pautas influenciadas por la antigua política partidaria y han generado dos problemas que están siendo planteados a lo largo y a lo ancho del mundo: el poder de un factor ajeno a la actividad política: la prensa; y el fuerte deterioro de la "clase" política, que a falta de otro sistema de representación, no deja de ser un ocultamiento del concepto de "voluntad general".


Concluyendo, sin tener una visión clara de como evolucionará mundialmente el ejercicio de la actividad política, es probable: que el hecho de que se haya opacado la lente ideológica que permitía a la gente interpretar dogmáticamente acontecimientos lejanos con la seguridad de un entendido, revalorice la función del ámbito de militancia política, de su entorno próximo, o sea, la descentralización de la representación política en consonancia con el movimiento de descentralización que está sufriendo el Estado. Por otro lado, que el excesivo poder de la prensa y el deterioro de imagen de la actividad política ambos sean mitigados por un perfil más bajo y eficiente de la dirigencia política.


LA NUEVA PERSONALIDAD DEL "VACÍO POLÍTICO" PERONISTA


Cometeríamos un error si creyéramos que la pérdida de identidad ha consistido solo en una mecánica adopción de ideas liberales conservadoras, extrañas al Movimiento y el mantenimiento de una superficial liturgia Peronista. Si así fuera, la acusación de traición sería lo correcto. El engaño sería la culpa. No es tan sencillo. Nadie puede dejar de ser lo que fue, sin que eso que fue sea una parte muy importante de lo que quiere ser. En realidad, ambos aspectos, entrelazados, estuvieron presentes en la acción dirigencial peronista. La adopción sin crítica de ideas otrora enemigas y la persistencia de viejos atavismos peronistas fue la mezcla explosiva que aguzó los aspectos más ingenuos, oscuros y ridículos del nuevo modelo político.


De esta manera, la Doctrina Peronista, junto a otros símbolos del más ortodoxo 45 fueron reducidos a una liturgia decadente y contradictoria de lo que fue la copia más despiadada y terrible de todos los malos hábitos de la "tilinguería" porteña, hoy rebautizada con el conocido mote de "ricos y famosos".


Esta simbiosis montada en un ambiente de desilusión ideológica generó una nueva y deformante cultura dirigencial - por decirlo de alguna manera- cuyos rasgos sobresalientes podríamos sintetizarlos en tres aspectos fundamentales:


1) La amoralidad como fenómeno político.


La utilización del término "corrupción" para hacer referencia a los hechos más difundidos y conocidos de la política contemporánea, no traduce en su justa medida política la significación del fenómeno. En general, se afirma la superficial impresión de una falla en los mecanismos de control o en la moral individual de los funcionarios y por lo tanto, el problema adquiere ribetes éticos o metodológicos.


Es cierto que nadie puede permanecer impávido frente a los hechos y que lo instrumental siempre será el elemento corrector de la falta de moral individual; pero políticamente el fenómeno es más profundo. El nuevo modelo pragmático edificado sobre la base de un peronismo decepcionado, afloró una nueva cultura de mando. En ella el problema no consiste en lo que se suele definir como la práctica asidua de la "corrupción", sino en una concepción del poder como sinónimo de impunidad. A decir verdad, la impunidad, siempre ha sido una consecuencia secundaria en el ejercicio del poder que tiende a resaltar un fenómeno subalterno: el privilegio, el relajamiento del contenido de las leyes y procedimientos para los depositarios de la autoridad.


Aquí, el acento de la representación no esta puesto en las fuentes del poder, en la capacidad de conducir, o en la capacidad de convencer, es decir, en la capacidad de generación de respeto; sino, a la inversa, en una de sus consecuencias, la más despreciable. De esta manera, invirtiendo el razonamiento, una consecuencia, la arbitrariedad, pasa a ser la causa y el único símbolo del poder. No será una novedad señalar que históricamente ha sido un rasgo imposible de anular completamente, pero que paulatinamente ha pasado más desapercibida cuanto más organizado, eficiente y representativo es un gobierno. Definir esta actitud solo como simple "soberbia" -si bien no está para nada exenta de ella- sería una simplificación que restaría cierto aspecto de alambicado y oculto desprecio hacia aquellos a los que se conduce y se dice representar.


2) El Show como sistema político


El creciente desinterés social por el fenómeno político a la manera tradicional, llevó a la aparente "formalización" de la actividad política. El nuevo método se transformó en una especie de teatralización de golpes de efecto. Si la política ya no concitaba atención por sus interpretaciones, y si de ninguna manera se aceptaba un bajo perfil sin grandilocuencias, se buscó llamar la atención por otros medios, en general más ligados a las normas de puesta en escena de un espectáculo que a cualquiera de los métodos conocidos de divulgación política.


En realidad no existe el vacío. En la acción política todo tiene una intencionalidad. Incluso el silencio manifiesta una intención. Así como la Chicholina - célebre precursora italiana de este método- creía que el sexo era el elemento detonante para el golpe de efecto, aquí el elemento determinante fue la mostración del poder impune. Ningún dirigente que se preciara de tal podía dejar de manifestar que estaba "en la cosa", y si no lo estaba, lo debía inventar. Ningún dirigente que se preciara de tal podía dejar de estar en el "reparto". El objetivo fundamental era aparecer en alguna revista de moda mostrando sus alhajas, su platería o mostrando una casa recién comprada que evidentemente no concordaba con el monto de sus ingresos. De esta manera, la fuente de poder se transformó en la mostración de algo simbólico, importante, inusual, y esto importante era todo lo que se podía hacer en función del privilegio de ser funcionario.


3) El seguidismo circular como método político


Se defina como se defina la conducción política, es indudable que su ejecución está y estará siempre relacionada con el manejo de objetivos a corto o largo plazo. En la asignación de los mismos se encuentra el arte de ejercicio político. Pero he aquí que desaparecida la seguridad que daba la estabilidad de la adhesión, la facilidad de las encuestas ofreció la vana ilusión de gobernar en función del preguntar; no solo por aquellas cuestiones operativas que completan el mandato popular, sino por todo, lo de corto y lo de largo plazo, lo específico y lo general. Es decir, de gobernar siguiendo la pista de las respuestas. O sea, de reemplazar la trabajosa tarea de fijar metas, por el preguntar. La paradoja de este razonamiento nos lleva a que cuanto más desaparecen las metas del gobernar, indefectiblemente más se diluye el ejercicio de la conducción política.


Tanto se perdieron los mínimos objetivos de la función pública y tanto se despreció la función electoral del dar explicaciones coherentes de lo que se hace, que la acción de modificar diariamente la realidad para adaptarla -como si ello fuera posible- a la "respuesta popular" quedó instalada públicamente como objetivo de gobierno. Gobernar se transformó así en seguir una interpretación errática de respuestas a preguntas erráticas. Así, todas las medidas de gobierno, cuyo único interés fue mostrar su interés, más que a darle solución a los reclamos, fueron orientadas a identificarse con los reclamos. El procedimiento no fue prever los problemas antes de que se declaren, para lo cual es necesario tener una ideario de gobierno y gobernar sobre cosas que generalmente no son vistas en forma inmediata, sino correr detrás de ellos una vez declarados, cuando ya no tienen una rápida solución y cuando la misma es mucho más costosa que si se la hubiera previsto.


Así, los sondeos de opinión se han transformado en una carrera desenfrenada detrás de la última encuesta, en donde la historia política del movimiento no llega más allá de la última encuesta, y la proyección al futuro no supera ni interesa que supere la fecha de la próxima. El seguidismo de la opinión popular sin tener la más mínima idea de su interpretación se transforma en la mejor imagen del perro que corre detrás de su cola, nunca la alcanza y está cada vez más cansado.


EL FUTURO DEL PERONISMO


El Peronismo, lanzado a una carrera mediática, de tanto cuidar lo que algunos dirigentes creyeron que era su "imagen popular", descuidó aquella parte de la imagen que es incorporada por los sectores que con su militancia y con su actividad racional, regeneran la imagen -entendiendo por imagen todo aquello que hace a su personalidad política, sus ideas, sus dirigentes, su estructura, sus formas de conducir, de gobernar o de discutir, etc.-. Es decir los sectores medios de la sociedad y su juventud. Apegado a una imagen muy circunscripta por una concepción del poder, despreció como conspiración "gorila" toda observación, que aunque fuera conspirativa verdaderamente, contenía advertencias.


En las últimas elecciones, el Peronismo no perdió la adhesión popular -de seguir así esa la perderá en un futuro próximo- perdió todo aquello que lo hacía interesante para esos estratos sociales mencionados. Es decir, perdió su coherencia racional. Esto no significa que no fueran expresadas las ideas -siempre se expresa alguna- sino que ellas, a fuerza de ser mecánicas transposiciones de lo que se consideraba la última palabra de los "triunfadores" del colapso histórico, fueron contradictorias y despectivas de lo que se decía representar. De esta manera el Peronismo no pudo zafar de los aspectos más oscuros con que repercutió en Latino América la crisis de representación de los países centrales. Adquirió así la fisonomía -o la falta de fisonomía- de un Partido Conservador de República Bananera.

Si bien es cierto que el Peronismo, por ser un pensamiento nacional y popular, ha tenido enfrentamientos ideológicos con lo que dio en llamarse la "inteligentzia" -y que Jauretche satirizó tan bien- esto formaba parte de una discusión con el pensamiento liberal. Siempre el Peronismo tuvo una rica actividad política o ideológica que le otorgó el favor de sectores jóvenes de la sociedad -recuérdese "los flor de ceibo" en la universidad del 45, el movimiento intelectual en torno a la revista "Hechos e Ideas", el congreso internacional de Filosofía del 49 o el gran movimiento cultural que rodeó al Peronismo del 73-. Es cierto que tuvo sus contracaras, pero también, que la lucha que se generó en torno a las mismas sirvió para recuperar la imagen perdida.


No es la misma situación, estamos ante un enorme cambio del marco mundial que generaliza la discusión y la búsqueda. En la medida que sepamos asumir esta con la coherencia de nuestra historia y la vocación necesaria, dejaremos de ser meros repetidores y exageradores de eslogans internacionales que tienen la duración de su propia inseguridad. Solo asumiendo este desafío podremos salir de la sensación de derrota que nos abruma. Aunque no lo parezca, este desafío estuvo presente cada vez que el Peronismo pudo hacer triunfar su punto de vista. Solo asumiendo la discusión no dada, podremos salir de la crisis que exalta los aspectos más oscuros de nuestra personalidad política.

 

Hugo A. FRANCO

Diciembre de 1997