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Crisis de Representatividad del Sistema Político |
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por Luis Lugones * |
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Trataremos de acercar una primera aproximación a un tema muy candente que tiene que ver con todo el funcionamiento de la democracia o, mejor, de las democracias, como las estamos viendo en el inicio de este siglo que comienza. Un tema muy urticante de nuestros días, puede ser un disparador de estas elementales reflexiones, -hemos tomado nota de la difusión secuenciada que se hará del trabajo del Lic. Hugo Franco, acercado a esta página por N. Defilippi-, como es la presunta corrupción en el Senado de la Nación. O dicho de otro modo, de la forma en que se resuelven los grandes temas en la democracia deliberativa, para expresarme en los términos de la teoría comunicacional. La remanida, pero no menos cierta, recepción constitucional del principio que el pueblo gobierna y delibera a través de sus representantes, tiene atrás todo el tema de cómo se forma el consenso para llegar a la formación de la Ley, y por ende al sustento jurídico en un Estado de Derecho. Este consenso tiene también que ver, en cómo se legitima el sistema democrático, y de qué manera los medios de comunicación, -en realidad la opinión pública-, influyen en la formación de aquel consenso. Estoy pensando una hipótesis hace algún tiempo que consiste en establecer la relación entre esta democracia y la sociedad de mercado, o el sistema capitalista como nos toca en estas regiones. Parece confuso, pero quiero decir que: si el sistema de mercado impregna todo el sistema social, por ende el político, también tiene influencia decisiva en la formación del consenso democrático, o sea también de la representación. Vemos aparecer fuerza políticas, vemos transformarse las herramientas del Estado, vemos avanzar hacia la precarización laboral, vemos avanzar la exclusión, vemos…; y cuando decimos paremos esta visión economicista, nos encontramos con el complejo sistema de elección (o selección natural como decía darwinianamente en otra época el mismo Hugo Franco), que se vincula a la inserción en los medios que son propiedad de aquellos mismos grupos que han aglutinado oligopólicamente la difusión de las ideas, de las imágenes, en fin, de sustancia misma de la formación de aquella opinión pública. Apareció un término, durante la pasas Jornadas de Pastoral Social de Río Cuarto, que hace mucho no escuchábamos: el de la plutocracia, o el gobierno de los poderosos. Significa que, como decíamos antes sobre el molde de la democracia, de la forma de tomar sus decisiones, de elegir sus representantes, en fin de formar su consenso o pacto de gobernabilidad, nos encontramos en el sistema capitalista a quienes tienen el poder económico, bien o mal habido, para imponer su condiciones al resto de la sociedad. Hemos visto por televisión, pero lo palpamos en todos los grandes conglomerados poblacionales, qué significa esa representación, cómo se compran y venden voluntades, cómo se enajena por el solo afán de lucro y poder el destino de los argentinos. Hoy le tocó a Senado de Nación (hay quienes los llaman los padres de la Patria, los patriarcas), verse envueltos en este escándalo, que no sabemos si es real o una "operación política" como denunciaron los afectados. Pero que pone en evidencia la calidad de nuestras instituciones, y cómo se llega a ese consenso democrático, cómo se legitiman medidas que van contra los intereses de las mayorías silenciosas, pero lo que es más grave, muchas veces atentan contra los intereses mismos de la Nación y de la felicidad de su pueblo, en beneficio de aquellos que, como certeramente se ha dicho, son la plutocracia que nos arrebató no sólo el poder, sino nuestro destino. Esta vez no por las armas, sino por la concupiscencia y la corrupción de nuestro sistema "democrático".’
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