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29 DE JULIO DE 1980:
fallecimiento del compañero
Jorge A. Falcone


Jorge Ademar Falcone nació en La Plata el 26 de abril de 1918.

Se recibió de médico en 1943, y cursó también estudios de escultura en la Escuela Superior de Bellas Artes.

Durante el gobierno popular del General Perón, fue Primer Subsecretario de Salud Pública (1947-1950), Intendente de la ciudad de La Plata .(1949-1950), y Senador Provincial Presidente de la Comisión de Obras Públicas del Senado (1950-1952).

El 10 de junio de 1956 fue detenido por la Revolución Libertadora y condenado a muerte por su participación en el levantamiento cívico-militar del General Valle. Al cabo de tres meses salvó milagrosamente su vida debido a un inesperado indulto. Trabajó en la obra social del gremio metalúrgico, papelero, de la carne y el vidrio. Durante el último período del gobierno peronista electo el 11 de marzo de 1973, militó activamente en el Peronismo Auténtico.

Ya instaurada la dictadura, le fue secuestrada una hija de 16 años en la llamada "Noche de los Lápices".

El 13 de abril de 1977 fue secuestrado junto a su esposa e interrogado acerca de posibles "vinculaciones subversivas" en el Campo de Concentración "La Cacha".

Permaneció allí por espacio de una semana, y más adelante, el 14 de enero de 1978, volvió a ser secuestrado junto a su esposa en momentos en que realizaba la mudanza de su hijo en San Martín, Prov. de Bs. As., para ser conducido en esa oportunidad al Campo de Concentración "El Banco", y castigado brutalmente por espacio de 45 días.

Al salir en libertad, volvió a conectarse con la resistencia popular y siguió luchando hasta el 29 de julio de 1980, fecha en que dejó de existir debido al agravamiento de una lesión cardíaca causada durante la tortura, en su último cautiverio.

 

 

LA MANO ANONIMA

A mí hija María Claudia, militante de la UES
secuestrada durante "La noche de los lápices''.

Mano anónima aleve y asesina,
con sólo tocarte
ha intentado
macular tu pureza,
tu inocencia,
por cierto, fracasando.
Tu grandeza de alma
es infinita.
Tu generosidad, ilimitada.
Virtudes tales
son inmaculables.
La mano anónima, aleve y asesina,
no ha podido mancharte
por mas que lo intentara.
Y esa pureza
constituye tu triunfo.
TU VICTORIA y su derrota.
Has vencido, hija mía,
y tu victoria ha sido apocalíptica.
Aunque tu estés ausente todavía
yo te lloro y te admiro al mismo tiempo.