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A cien
años de su nacimiento rendimos nuestro sentido homenaje a uno de los
escritores que más ha cimentado la Cultura Nacional.
Este escritor,
poeta y maestro oriundo del barrio porteño de Villa Crespo y descendiente
de una familia de campo, muy conocida en Maipú, escribió su
primer libro de poemas a los veintidós años: "Los aguiluchos".
Perteneció a los grupos literarios de la revista Proa y del periódico
Martín Fierro, publicó libros como "Días como flechas"
y "Odas para el Hombre y la Mujer", primer premio municipal de poesía.
Se casó
con María Z. Barreiro, con quien tuvo dos hijas. En 1949 fue presidente
del Consejo General de Educación de Santa Fe, colaborador de la Secretaría
Nacional de Cultura en 1944, Director de Enseñanza Artística
en 1952. Participó del movimiento Vanguardista Argentino y en 1967
fue jurado del Certamen Nacional de Literatura, invitado por la Casa de las
Américas, en Cuba.
Fue redactor
fundador del diario "El Mundo". En 1949 recibió en España
la condecoración de Alfonso El Sabio y en 1951 el Premio Nacional de
Teatro por "Antígona Velez". Su obra fue innumerable, pero
pasó a la posteridad por "Adán Buenosayres", obra
que apareció en 1948 y que marcó un hito en la literatura argentina,
narrando las andanzas de un tierno adán, filósofo villacrespense,
con sus amigos muy poco presentables, mezclando el lenguaje cotidiano con
la forma clásica, los rufianes con la mitología griega y citas
de filósofos eternos con versos de compinches.
La angustia del Adán era la incertidumbre en la que se debatía
esa generación "martinfierrista", que se expresa claramente
en un pasaje ante el Cristo de la Marea Rota. "Sólo me fue dado
rastrearte por las huellas peligrosas de la hermosura, y extravié los
caminos, y yo sólo un viajero, y tú el fin de mi viaje".
Despreciado
por la "intelectualidad" por haber reconocido su peronismo y ser
funcionario del mismo (de lo que con orgullo decía que nunca se avergonzó),
se refugió desde el 55 hasta el 65 con su esposa Elbia Rosbaco en un
departamento del once, asumiéndose como "poeta depuesto".
Su Adán recién es reconocido como obra importante cuando en
la década del 60 presenta su segunda novela "El banquete de Severo
Arcángelo", de un nivel literario menor que Adán, pero
que fue un éxito que despertó interés por toda su obra.
Así fue la vida de un hombre que vio el mundo con la mirada de su barrio,
que asumió un compromiso con un ideal y no claudicó a pesar
del confinamiento al que fue sometido.
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Era
el pueblo de Mayo quien sufría,
no ya el rigor de un odio forastero,
sino la vergonzosa tiranía
del olvido, la incuria y el dinero.
El
mismo pueblo que ganara un día
su libertad al filo del acero
tanteaba el porvenir, y en su agonía
le hablaban sólo el Río y el Pampero.
De
pronto alzó la frente y se hizo rayo
(¡era en Octubre y parecía Mayo!),
y conquistó sus nuevas primaveras.
El
mismo pueblo fue y otra victoria.
Y, como ayer, enamoró a la Gloria,
¡y Juan y Eva Perón fueron banderas!
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