Política Nacional

por Hugo Heredia*

Tasa de desempleo

El peor indicador

 

El INDEC realizó una encuesta de hogares, en el mes de mayo, que relevó una tasa de desempleo del orden del 15.5%. Este porcentaje, que significa que habría más de dos millones de desocupados, se encuentra acompañado de otras graves señales: el mismo aumento del índice, que en octubre de 1999 era del 13.8% y el incremento de la subocupación (gente que hace trabajos eventuales o por pocas horas), ya que en octubre del año pasado el subempleo era del 14.3% y ahora rondaría el 16%.

La traducción de estos fríos números es, que sumando ambos indicadores y aplicados sobre una población económicamente activa de 14 millones, unas 4,2 millones de personas están enfrentando un serio problema de empleo.

Además, la misma encuesta revela que el 40% de la fuerza laboral trabaja en negro y que el ingreso de los trabajadores ocupados disminuyó por efecto de la deflación salarial, a lo que contribuyó el gobierno nacional con la regresiva medida de la extensión y el aumento del impuesto a las Ganancias a los sueldos mayores de $ 1.500 mensuales.

Si bien el aumento de la desocupación en la construcción, con una caída de casi el 10% de su actividad en los primeros cinco meses del año y la reducción en planes asistenciales, como el Trabajar, contribuyen al aumento de la desocupación en general, del mismo relevamiento del INDEC surge que la industria manufacturera siguió expulsando mano de obra y lo mismo han hecho el Estado nacional y las provincias a través de los sucesivos ajustes.

Por otra parte, el empleo en el sector del comercio y sobre todo en los servicios, que habían sido expansivos en años anteriores, detuvo su crecimiento.

Está muy claro que la recesión y la deflación en la economía han contribuido al deterioro del mercado laboral incrementando el desempleo y la precariedad en las condiciones de contratación, poniendo de manifiesto la cara más oscura del modelo neoliberal que nos agobia, la exclusión de nuestros hermanos.

Para que se pueda pensar en una reducción progresiva de la tasa de desocupación, la economía tendría que crecer a un ritmo del 5 % anual y si los pronósticos más optimistas rondan el 3.5 %, caemos en la cuenta que el Gobierno Nacional continúa poniendo su mayor empeño en la reducción del déficit fiscal, como lo exigen el FMI y los socios locales de las empresas privatizadas y de la banca internacional, cuando es central encarar medidas de aliento a la producción (eliminación de impuestos regresivos, reducción de tasa de interés para la industria y el consumo, reexaminar los aranceles de importación para los países extra-Mercosur, etc.) para empezar decididamente a dar la batalla por el crecimiento.

Pero para ello no basta con el mero anuncio de planes asistencialistas o promesas de inversión de las empresas a futuro, es fundamental que el Gobierno Nacional encare la concertación entre las fuerzas del trabajo, las fuerzas políticas, el empresariado nacional con compromiso por el país, la Iglesia y, en fin, todos los que tengan una real preocupación por modificar este modelo de exclusión y de hambre

enviar correo