|
|||||||||||||||||||
![]() |
|||||||||||||||||||
|
EL
PADRE MUGICA
|
|||||||||||||||||||
| Volver | |||||||||||||||||||
|
La figura de Carlos Mugica merece una reivindicación histórica. Pero además el testimonio de su vida encierra un mensaje de vigencia increíblemente actual. Reivindicación histórica porque su vida, al ser de un compromiso insobornable, incomoda a muchos,por lo que, sin darnos cuenta, hemos permitido que un manto de silencio cubra su historia. Incomoda a la Iglesia, por ser un cura que abrazó una causa política, a los peronistas, por su inquietante vecindad con los montoneros, a los montoneros por su repudio al enfrentamiento con Perón y a sus métodos violentos, a los acomodados, por su amor a los pobres y su cuestionador compromiso con ellos. Recuerdo el día de su asesinato. No en el sentido del acontecimiento, sino en el sentido de recordar los sentimientos de tristeza y desazón que me invadieron. Recuerdo con quien estaba al recibir la noticia, el desconsuelo y la confusión que se apoderó de nosotros. Apenas lo habíamos conocido personalmente. Allá por 1973 lo invitamos a dar una charla a la Casa de la Juventud del movimiento Juvenil Diocesano en Mar del Plata. Poco retengo ya de lo que dijo aquel día. Por esos misterios de la memoria sólo tengo grabada su imagen, cubierto por una toalla, mientras Graciela Lascar, una compañera, le cosía el pantalón, que se le había roto en el viaje. Despreocupado por su ropa, en Mar del Plata sin una muda. Así que no fue una relación personal lo que gravó para siempre en mi memoria su muerte. La razón es que él era en esos tiempos un referente importante en nuestras vidas. En el contexto histórico del retorno de Perón a la patria, muchos de mi generación disfrutábamos de un optimismo esencial. Las dictaduras militares serían derrotadas y la humanidad, y la Argentina en particular, se dirigiría irremediablemente hacia la construcción de una sociedad mas justa. El hombre nuevo del che Guevara, pero también el de Medellín, estaba naciendo. ¡Y nosotros estábamos ahí, protagonistas de una gesta histórica! Nuestra lucha precipitaría el advenimiento de una Patria sin explotados. Carlos Mugica era uno de los nuestros, nos marcaba el camino. Su testimonio nos fortalecía, nos alentaba a apostar por la vida, la solidaridad, el compromiso con los que sufren. Su asesinato, y esto es mi experiencia personal, inició el quiebre de ese ingenuo optimismo esencial. Quiebre que se consolida con la muerte de Perón, 50 días después, y el golpe militar. Pasamos, en poco tiempo, del sueño a la pesadilla y estos tres hechos marcaron la frontera. Respecto a la actualidad de su mensaje: hoy el contexto histórico ha cambiado. El fenómeno de la globalización de las economías de mercado viene de la mano de fuertes procesos de exclusión social. Los marginados de ayer son los excluidos de hoy. El cambio de expresión da cuenta del cruel deterioro: aún peor que estar en los márgenes es estar afuera. Alguna mirada desprevenida y sin zozobras podrá estar tranquila: proliferan los estudios sobre la pobreza, el tema se inserta en los congresos internacionales, es motivo de tesis y cuantificaciones. Y hasta el Banco Mundial ha tomado cartas en el asunto. Pero no nos ilusionemos: la preocupación parece nacer en la necesidad de hacer viable el nuevo orden internacional, o en su versión vernácula, en la necesidad de mantener transitables a las rutas nacionales. Lo que nos está faltando es que nos duela la pobreza, es el amor y el compromiso de vida con los que sufren. Solamente de ahí podrían nacer las decisiones políticas para retomar el ideario de Carlos Mugica: hombres libres y felices en una patria justa, libre y soberana. |
|||||||||||||||||||