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Nuestro
pueblo es como nuestros ríos: mansos y tranquilos durante largo tiempo,
cuando estos desbordan nada los detiene. De allí la frase célebre
del General Perón "Cuando los pueblos agotan su paciencia hacen
tronar el escarmiento". Bueno es recordarlo en estas graves horas, en
las que la crisis que nos agobia parece ya terminal.
Bueno
es recordarlo -decimos- porque con el olvido del pueblo especulan los que
nos someten. Resulta imprescindible, entonces, apelar a la memoria.
Cuando
el año pasado, en plena campaña electoral, el ahora ministro
López Murphy anunció que resultaba necesario bajar los salarios,
estaba definiendo y anticipando el núcleo esencial de la política
de la Alianza, más allá de la catarata abrumadora de mentiras
de sus promesas electorales.
Del mismo
modo, cuando, ya en el gobierno, se anunció el impuestazo, se dijo
que era irremediable porque ya no se podía bajar más el gasto
público. Ahora -a solo tres meses de esa promesa - un nuevo plan de
ajuste viene a devastar a nuestro sufrido pueblo para bajar sangrientamente
el gasto público. También ahora se nos dice que es el último
esfuerzo. Nosotros sabemos que no lo será. Seguramente antes de fin
de año volveremos a escuchar la misma letanía. Y ello no será
el fracaso del impuestazo de hoy, sino el de ese "modelo" que fuera
proclamado como la solución de todos nuestros problemas.
Si todavía
conservamos la memoria, podremos igualmente recordar que esta política
es nada más que el perfeccionamiento acabado del famoso modelo que
Menem y Cavallo -siervos obedientes del poder globalizado- instauraron a costa
del hambre, la miseria y la humillación de nuestro pueblo. Ahora, simplemente
le toca a De la Rúa gerenciar la dependencia.
Podríamos,
seguramente, remontar nuestra memoria mucho más atrás. Hay una
permanente línea histórica que resume -con extraordinaria vigencia-
la siniestra frase de Nicolás Avellaneda: "Los argentinos economizarán
sobre su hambre y su sed para responder, en una situación suprema,
a los compromisos de nuestra fe en los mercados extranjeros". Nada nuevo
bajo el sol: de aquellos barros son estos lodos.
Es un
modelo histórico perpetuo -ahora definitivamente consumado- al que
decir ya mismo, rotunda y categóricamente, basta. Mientras se exprime
la carne y la sangre de nuestros compatriotas para obtener novecientos millones
de pesos, hay casi diez mil millones en el presupuesto de este año
para pagar los intereses de nuestros acreedores externos., a los que el FMI
representa; y sólo dos empresarios deben por cánones impagos
al Estado la tercera parte de aquella deuda, y se subsidian los ferrocarriles
privatizados en trescientos millones, y un grupúsculo de argentinos
privilegiados -la "patria contratista" del Proceso convertida en
la "patria privatista" del menemismo- tiene más de ochenta
veces ese importe colocado en el exterior.
Es la
hora de decir basta: basta a la política genocida del FMI, basta a
la legión de políticos y economistas cómplices, basta
de un "modelo" que destruye al país y hunde a su gente.
Frente
a tanta ignominia, una nueva instancia política se abre entonces en
la argentina. Sería ciertamente imperdonable que todos los argentinos
de bien -la inmensa mayoría de nuestro pueblo- no levantaran duramente
su voz, para emprender, todos juntos, el camino de la recuperación
nacional.
Todo está
por hacerse en nuestro país, pero con una política verdaderamente
peronista, verdaderamente nacional, al servicio de todos y no de unos pocos;
con una política que tenga como meta no la obediencia obsecuente a
los poderosos sino la grandeza de la Patria y la felicidad del Pueblo
Atilio
Carlos Neira
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