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Una nota de opinión sobre la realidad nacional

por Atilio Carlos Neira

Nuestro pueblo es como nuestros ríos: mansos y tranquilos durante largo tiempo, cuando estos desbordan nada los detiene. De allí la frase célebre del General Perón "Cuando los pueblos agotan su paciencia hacen tronar el escarmiento". Bueno es recordarlo en estas graves horas, en las que la crisis que nos agobia parece ya terminal.

Bueno es recordarlo -decimos- porque con el olvido del pueblo especulan los que nos someten. Resulta imprescindible, entonces, apelar a la memoria.

Cuando el año pasado, en plena campaña electoral, el ahora ministro López Murphy anunció que resultaba necesario bajar los salarios, estaba definiendo y anticipando el núcleo esencial de la política de la Alianza, más allá de la catarata abrumadora de mentiras de sus promesas electorales.

Del mismo modo, cuando, ya en el gobierno, se anunció el impuestazo, se dijo que era irremediable porque ya no se podía bajar más el gasto público. Ahora -a solo tres meses de esa promesa - un nuevo plan de ajuste viene a devastar a nuestro sufrido pueblo para bajar sangrientamente el gasto público. También ahora se nos dice que es el último esfuerzo. Nosotros sabemos que no lo será. Seguramente antes de fin de año volveremos a escuchar la misma letanía. Y ello no será el fracaso del impuestazo de hoy, sino el de ese "modelo" que fuera proclamado como la solución de todos nuestros problemas.

Si todavía conservamos la memoria, podremos igualmente recordar que esta política es nada más que el perfeccionamiento acabado del famoso modelo que Menem y Cavallo -siervos obedientes del poder globalizado- instauraron a costa del hambre, la miseria y la humillación de nuestro pueblo. Ahora, simplemente le toca a De la Rúa gerenciar la dependencia.

Podríamos, seguramente, remontar nuestra memoria mucho más atrás. Hay una permanente línea histórica que resume -con extraordinaria vigencia- la siniestra frase de Nicolás Avellaneda: "Los argentinos economizarán sobre su hambre y su sed para responder, en una situación suprema, a los compromisos de nuestra fe en los mercados extranjeros". Nada nuevo bajo el sol: de aquellos barros son estos lodos.

Es un modelo histórico perpetuo -ahora definitivamente consumado- al que decir ya mismo, rotunda y categóricamente, basta. Mientras se exprime la carne y la sangre de nuestros compatriotas para obtener novecientos millones de pesos, hay casi diez mil millones en el presupuesto de este año para pagar los intereses de nuestros acreedores externos., a los que el FMI representa; y sólo dos empresarios deben por cánones impagos al Estado la tercera parte de aquella deuda, y se subsidian los ferrocarriles privatizados en trescientos millones, y un grupúsculo de argentinos privilegiados -la "patria contratista" del Proceso convertida en la "patria privatista" del menemismo- tiene más de ochenta veces ese importe colocado en el exterior.

Es la hora de decir basta: basta a la política genocida del FMI, basta a la legión de políticos y economistas cómplices, basta de un "modelo" que destruye al país y hunde a su gente.

Frente a tanta ignominia, una nueva instancia política se abre entonces en la argentina. Sería ciertamente imperdonable que todos los argentinos de bien -la inmensa mayoría de nuestro pueblo- no levantaran duramente su voz, para emprender, todos juntos, el camino de la recuperación nacional.

Todo está por hacerse en nuestro país, pero con una política verdaderamente peronista, verdaderamente nacional, al servicio de todos y no de unos pocos; con una política que tenga como meta no la obediencia obsecuente a los poderosos sino la grandeza de la Patria y la felicidad del Pueblo

Atilio Carlos Neira