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La crisis del modelo ha comenzado,
tal vez de manera incipiente, a generar una reacción hacia fuera y
hacia adentro del peronismo.
Hacia fuera, la sociedad encrespada
por el ajuste, que hace sentir el crujido de toda su estructura social. Falsamente
hay quienes creen que, deformando la realidad y manipulando los medios, pueden
fugar hacia el futuro - se proyectan hacia la desolación -.
Les choca que, casi naturalmente,
se esté produciendo una aglutinación, aún entre quienes
no los une el amor sino el espanto.
Por un lado sectores de la Iglesia,
que en estas semanas aparecen con manifestaciones trascendentes que dan cuenta
de la realidad que perciben, del magisterio social y de la postura del Papa
frente a la Deuda Externa, el capitalismo salvaje y la inequidad globalizada
Pero también se han pronunciado
sectores empresarios que, - salvo el financiero y de construcción -,
no apoyaron las medidas tomadas.
Por fin, el sector sindical,
que generó en el MTA la punta de lanza de esta convergencia. Claro,
los gordos están desacomodados, han visto que lo que entregaron en
las leyes laborales no alcanza y vienen por más.
Quien vio el palco del acto del
31, se encontró con un muestrario de conversos -cavallistas, menemistas,
etc. – procurando reposicionarse frente al fenomenal cimbronazo. Pero no hay
que confundirse, muchos harán fuerza para volver al redil que dio buenos
resultados a sus intereses.
Cuando analizamos el peronismo
hacia adentro, la cosa es más compleja. Aquí también
aparecieron los oportunistas de todo signo, los que pretenden vaciar a la
política de contenido, los que fueron incondicionales de los ajustes
anteriores, (pero lo más importante: no sólo no quieren discutir
en el P.J., quieren clausurar todas las entradas de la militancia - acumulan
todos los cargos que deciden, en sus manos - y continuar con la hipocresía
entronizada como inescrupuloso accionar político).
Por suerte no son todos. Sólo
basta mirar qué actitud asumieron con la flexibilización, salvo
honrosas excepciones. Pero hay que hacer un llamado a organizarse. En primer
lugar, a quienes - desde el Movimiento Nacional - estuvieron denunciando la
infiltración liberal del P.J. (y del gobierno anterior). Pero también
a quienes, de buena fe, tratan de conducir este espacio nuevo como autistas,
- ni todos los sindicalistas son buenos ni todos los políticos peronistas
son malos -,más cuando todavía algún exbanquero - devenido
en funcionario de la Pcia. de Bs. As. - plantea como salida la dolarización.
Como diría Neira: de aquellos barros, estos lodos.
El problema de hoy es cómo
crecemos, y esto no se hace con más recesión, con ajustar para
abajo, con más concentración, con mayor contracción del
mercado interno, en fin, con más de lo mismo.
Acá se necesita volver
a Perón.
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