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1.- Definiciones
El recambio presidencial producido el 10 de diciembre último, no alteró
el libre desenvolvimiento de las instituciones de la democracia local. A pesar
de que el partido en ejercicio del gobierno perdió las elecciones por
primera vez en su historia, el traspaso del poder se hizo en un clima de plena
convivencia pacífica y tolerante. Esta demostración de la consolidación
democrática es un dato sustancial, salvando las distancias, algo similar
ocurrió en México con la derrota del PRI tras permanecer 71
años en el gobierno.
De todos modos, el caso argentino dejó planteados interrogantes en
el plano económico-social que hoy, debido a las disidencias internas
de la Alianza, colocan al país ante graves desafíos que jaquean
la gobernabilidad y posterga la primacía de la política sobre
la economía.
La Alianza inició sus funciones con un plan de gobierno diametralmente
opuesto al que prometió durante la campaña electoral de octubre.
Los recientes cimbronazos en los mercados y el aumento del riesgo país
hallan su fundamento en la escasa resolución de los intereses contrapuestos
que se mantuvieron comprimidos durante la campaña, pero que estallaron
apenas ocuparon la Casa Rosada. El punto de inflexión fue la renuncia
del Vicepresidente, quien desde la antipolítica pretende ahora construir
un espacio distinto dejando más interrogantes que certezas.
2.- El desprestigio de la política.
Comienza a tomar consenso la necesidad ineludible de recuperar la política
que ha quedado sometida a la economía. Los economistas intentan transferir
sus desaciertos a los políticos y éstos sufren el descrédito
y la desconfianza populares.
Frente al modelo de exclusión social y de transferencias de riquezas
al extranjero -originado en el Consenso de Washington que le otorgó
al mercado un papel rector de las recetas económicas neoliberales-
llegamos a una situación de gravedad impensada hace diez meses. Lo
concreto es que la recesión ya lleva 30 meses y las medidas aplicadas
por el equipo económico aliancista la profundizan, no la corrigen ni
siquiera se acercan a implementar un programa de reactivación del mercado
interno ni del mercado externo. La escasa producción nacional se consume
fronteras adentro y apenas un 8% se exporta en bienes sin valor agregado,
es decir, sin incorporación de nuevos empleos. A eso se le suma que
las ganancias obtenidas por las empresas privatizadas no quedan en el país.
Los fundamentalistas del mercado culpan a los políticos de negarse
a hacer ajustes en las provincias. Pero el pueblo ya no resiste más
ajustes. Por tanto, sería conveniente de hablar de responsabilidades
compartidas antes de caer en un maniqueísmo suicida.
El descrédito de la política se superará no con más
ajustes sino con más y mejor política que eleve la calidad de
la democracia.
Los gurúes de la economía deberían saber que la Constitución
Nacional, en el artículo 38 referido a los partidos políticos
establece: "El Estado contribuye al sostenimiento económico
de sus actividades y de la capacitación de sus dirigentes". Queda
en manos de los políticos, entonces, poner en acto este mandato constitucional
en una primera etapa tendiente a restaurar la credibilidad perdida.
No podemos alentar una guerra entre economistas versus políticas. Hay
que compatibilizar los roles que nosotros tenemos asignados en la sociedad
y buscar un punto de equilibrio. Ya que sin un rumbo fijado por la política,
la economía marcha hacia una vía muerta. O lo que resultaría
peor: que la economía, mediante un golpe de mercado, termine por instaurar
una dictadura financiera en detrimento del Estado y de la política.
3. - Los tres grandes riesgos del presente.
Quienes propiciamos el diálogo político, fundamento del pluralismo
y del consenso en políticas de Estado, estimamos conveniente advertir
los riesgos que corre la gobernabilidad. Por un lado, la protesta incontrolable,
espontánea o dirigida; por el otro, la dilación de las soluciones
sociales sometería al pueblo en una denigrante resignación.
Pueblo resignado es pueblo que no participa. Sin participación ciudadana
no habrá recuperación de la política. Romper este círculo
perverso y vicioso, alentado por segmentos del establishment, evitaría
colocarnos al borde del precipicio institucional.
El tercer riesgo del presente es la claudicación de la mal llamada
"clase dirigente" que baja los brazos y se entrega a la dictadura
financiera sin discutir una sola idea alternativa. Llegó la hora de
abandonar la "clase política" y pasar a formar una dirigencia
comprometida con un nuevo proyecto de nación.
La brecha cada vez más intensa que separa a ricos de pobres, es proporcional
a la intermediación de los partidos políticos con la sociedad.
He aquí el desafío a enfrentar desde cada espacio de representación
popular.
4.- La reforma política oficial es incompleta.
Existe un fuerte consenso en terminar con las campañas extensas, la
difusión manipuleada de las encuestas y la necesidad de transparentar
los fondos utilizados en la propaganda partidaria, como así también
modificar las listas sábana. Pero hay que avanzar en la discusión
de otros temas atinentes a la reforma política. Por ejemplo, falta
trazar el rumbo del país que queremos para el tercer milenio. Cada
actor debe ir pensando en aportar sus soluciones en el diseño de una
estrategia que fije la política económica a seguir desde la
política.
Los dos grandes partidos populares argentinos, la UCR y el PJ, cuentan con
el acopio de materia gris suficiente para dar la madre de todas las batallas.
Llamemos a esto un nuevo proyecto de nación, gran acuerdo nacional
o un pacto solidario para una Argentina social. El nombre es lo de menos.
La voluntad política es lo que importa en este desafío que se
nos presenta y nos reclama una reacción urgente porque los excluidos,
la falta de soberanía política y económica ya no aguantan
postergaciones de ninguna índole.
5.- Fuentes de inspiración de la nueva política.
Sin menospreciar la identidad doctrinaria e ideológica de los partidos
populares argentinos, que se resisten a ser títeres del modelo de capitalismo
salvaje imperante, encontramos en el Magisterio de la Iglesia una fuente de
inspiración válida. Acaba de señalar Juan Pablo II que
la política necesita ser concebida como un servicio. Un servicio que
"pasa a través de un diligente y cotidiano compromiso, que exige
una gran competencia en el desarrollo del propio deber y una moralidad a toda
prueba en la gestión desinteresada y transparente del poder".
El peronismo a lo largo de sus más de 50 años de vida, ha constituido
un movimiento renovador de las prácticas políticas anacrónicas.
Sus principios universales pertenecen a todos los patriotas decididos a lograr
la justicia social, la independencia económica, la soberanía
política y el nacionalismo cultural.
El último Perón ya sostenía que cada vez se sentía
menos peronista y más argentino, en la inteligencia de sellar una auténtica
unidad nacional que determine el abandono de los intereses sectarios a favor
de una alta política democrática y de consenso estratégico
sobre políticas de Estado. Son las políticas de Estado las que
integrarán el nuevo proyecto de nación en el marco irreversible
de la globalización y del imprescindible e impostergable continentalismo
para negociar poder con el poder trasnacionalizado.
El Papa ofreció dos pistas para una nueva política. Primero
"es necesario redescubrir el sentido de la participación, implicando
en mayor medida a los ciudadanos en la búsqueda de vías oportunas
para avanzar hacia una realización siempre satisfactoria del bien común".
Y en segundo lugar rechazó el recurso de la violencia "como instrumento
insustituible de toda confrontación constructiva, sea en las relaciones
internas de los Estados como en las internacionales".
6.- Responsabilidad, prudencia, fortaleza y templanza.
Las cuatro virtudes cardinales clásicas complementan el corpus doctrinal
de la nueva política que el peronismo auspicia con valor militante
y sentimiento patriótico.
Responsabilidad: el ser humano es el único que medita antes
de actuar y cuando actúa orienta a los ciudadanos que conviven con
él. Por tanto, la responsabilidad política requiere una doble
exigencia pues no se limita sólo a mí accionar sino sobre los
efectos que mí accionar provoca en los otros.
Prudencia: la prudencia es inseparable de la política, como
la ética. La prudencia, entonces, es el manejo racional de los medios
para acceder al bien general.
Fortaleza: la justicia es la restitución de los bienes según
corresponda. Y la fortaleza la fuerza espiritual que me anima para lograrla.
Templanza: para mantener la justicia con fortaleza necesitamos de la
templanza, es decir, de la moderación para no perder el bien general
conseguido.
En este particular momento por el que atraviesa la gobernabilidad argentina,
la prudencia es sinónima de sapiencia, de sabiduría, que nace
de la realidad porque lo prudente es lo conforme a la realidad. Y siguiendo
el apotegma rector tantas veces citado por Perón "la realidad
es la única verdad".
CONCLUSIÓN ABIERTA
La falta de reflexión, consecuencia directa de los que claudican y
se resignan, de la falta de creatividad y voluntad política de transformación,
es la materia pendiente a rendir por los políticos antes de que sea
tarde. Reflexión para abrirle las puertas al diálogo que nos
depara más pluralismo, intercambio de ideas y exposición leal
de nuestras convicciones.
Un nuevo proyecto de nación es el objetivo que nos alienta para salir
de la acusación coyuntural y del facilismo remolón en que solemos
caer en las confrontaciones de propuestas inconducentes.
La gran propuesta de todos los actores políticos comprometidos en la
nueva política que recupere a la Política, debe desembocar en
el nuevo proyecto de nación. Estamos en deuda con la ciudadanía
y con nosotros mismos. Porque quienes han abrazado a la política con
vocación de servicio tenemos la obligación de hablar de los
temas acuciantes. En la democracia nadie puede ser amordazado, ni por los
estamentos poderosos del establishment financiero ni por los que creen que
existe un pensamiento único que los hechos demuestran su fracaso y
su nefasta consecuencia en la Patria.
Con esperanza hemos comenzado a tender puentes de fe que unan a los diversos
sectores que luchan por el cambio social. Para llenar de jóvenes a
la Política. Para caminar con la frente en alto y mirarles los ojos
de nuestros hijos persuadidos de que la Política no es una mala palabra,
sino la segunda actividad más noble del ser humano, después
de la religión, según el Santo Padre.
No somos los enemigos de nadie. Tampoco somos retrógrados ni salimos
a desempolvar teorías del pasado. Pensamos el futuro, fijando posiciones
contundentes que garanticen la gobernabilidad y nos ayuden a superar las duras
contingencias causadas por el neoliberalismo. El modelo de recesión
no se modifica por arte de magia. Se modifica a partir de una nueva política.
Por ello, en defensa de la identidad nacional agredida queremos ser lo que
somos: argentinos.
Dr. José María Díaz Bancalari
Diputado de la Nación
Provincia de Buenos Aires, noviembre de 2000.-
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