por José María Díaz Bancalari
Diputado de la Nación
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1.- Definiciones

El recambio presidencial producido el 10 de diciembre último, no alteró el libre desenvolvimiento de las instituciones de la democracia local. A pesar de que el partido en ejercicio del gobierno perdió las elecciones por primera vez en su historia, el traspaso del poder se hizo en un clima de plena convivencia pacífica y tolerante. Esta demostración de la consolidación democrática es un dato sustancial, salvando las distancias, algo similar ocurrió en México con la derrota del PRI tras permanecer 71 años en el gobierno.

De todos modos, el caso argentino dejó planteados interrogantes en el plano económico-social que hoy, debido a las disidencias internas de la Alianza, colocan al país ante graves desafíos que jaquean la gobernabilidad y posterga la primacía de la política sobre la economía.

La Alianza inició sus funciones con un plan de gobierno diametralmente opuesto al que prometió durante la campaña electoral de octubre. Los recientes cimbronazos en los mercados y el aumento del riesgo país hallan su fundamento en la escasa resolución de los intereses contrapuestos que se mantuvieron comprimidos durante la campaña, pero que estallaron apenas ocuparon la Casa Rosada. El punto de inflexión fue la renuncia del Vicepresidente, quien desde la antipolítica pretende ahora construir un espacio distinto dejando más interrogantes que certezas.


2.- El desprestigio de la política.

Comienza a tomar consenso la necesidad ineludible de recuperar la política que ha quedado sometida a la economía. Los economistas intentan transferir sus desaciertos a los políticos y éstos sufren el descrédito y la desconfianza populares.

Frente al modelo de exclusión social y de transferencias de riquezas al extranjero -originado en el Consenso de Washington que le otorgó al mercado un papel rector de las recetas económicas neoliberales- llegamos a una situación de gravedad impensada hace diez meses. Lo concreto es que la recesión ya lleva 30 meses y las medidas aplicadas por el equipo económico aliancista la profundizan, no la corrigen ni siquiera se acercan a implementar un programa de reactivación del mercado interno ni del mercado externo. La escasa producción nacional se consume fronteras adentro y apenas un 8% se exporta en bienes sin valor agregado, es decir, sin incorporación de nuevos empleos. A eso se le suma que las ganancias obtenidas por las empresas privatizadas no quedan en el país.

Los fundamentalistas del mercado culpan a los políticos de negarse a hacer ajustes en las provincias. Pero el pueblo ya no resiste más ajustes. Por tanto, sería conveniente de hablar de responsabilidades compartidas antes de caer en un maniqueísmo suicida.

El descrédito de la política se superará no con más ajustes sino con más y mejor política que eleve la calidad de la democracia.
Los gurúes de la economía deberían saber que la Constitución Nacional, en el artículo 38 referido a los partidos políticos establece: "El Estado contribuye al sostenimiento económico de sus actividades y de la capacitación de sus dirigentes". Queda en manos de los políticos, entonces, poner en acto este mandato constitucional en una primera etapa tendiente a restaurar la credibilidad perdida.

No podemos alentar una guerra entre economistas versus políticas. Hay que compatibilizar los roles que nosotros tenemos asignados en la sociedad y buscar un punto de equilibrio. Ya que sin un rumbo fijado por la política, la economía marcha hacia una vía muerta. O lo que resultaría peor: que la economía, mediante un golpe de mercado, termine por instaurar una dictadura financiera en detrimento del Estado y de la política.


3. - Los tres grandes riesgos del presente.

Quienes propiciamos el diálogo político, fundamento del pluralismo y del consenso en políticas de Estado, estimamos conveniente advertir los riesgos que corre la gobernabilidad. Por un lado, la protesta incontrolable, espontánea o dirigida; por el otro, la dilación de las soluciones sociales sometería al pueblo en una denigrante resignación. Pueblo resignado es pueblo que no participa. Sin participación ciudadana no habrá recuperación de la política. Romper este círculo perverso y vicioso, alentado por segmentos del establishment, evitaría colocarnos al borde del precipicio institucional.

El tercer riesgo del presente es la claudicación de la mal llamada "clase dirigente" que baja los brazos y se entrega a la dictadura financiera sin discutir una sola idea alternativa. Llegó la hora de abandonar la "clase política" y pasar a formar una dirigencia comprometida con un nuevo proyecto de nación.
La brecha cada vez más intensa que separa a ricos de pobres, es proporcional a la intermediación de los partidos políticos con la sociedad. He aquí el desafío a enfrentar desde cada espacio de representación popular.


4.- La reforma política oficial es incompleta.

Existe un fuerte consenso en terminar con las campañas extensas, la difusión manipuleada de las encuestas y la necesidad de transparentar los fondos utilizados en la propaganda partidaria, como así también modificar las listas sábana. Pero hay que avanzar en la discusión de otros temas atinentes a la reforma política. Por ejemplo, falta trazar el rumbo del país que queremos para el tercer milenio. Cada actor debe ir pensando en aportar sus soluciones en el diseño de una estrategia que fije la política económica a seguir desde la política.
Los dos grandes partidos populares argentinos, la UCR y el PJ, cuentan con el acopio de materia gris suficiente para dar la madre de todas las batallas. Llamemos a esto un nuevo proyecto de nación, gran acuerdo nacional o un pacto solidario para una Argentina social. El nombre es lo de menos. La voluntad política es lo que importa en este desafío que se nos presenta y nos reclama una reacción urgente porque los excluidos, la falta de soberanía política y económica ya no aguantan postergaciones de ninguna índole.


5.- Fuentes de inspiración de la nueva política.

Sin menospreciar la identidad doctrinaria e ideológica de los partidos populares argentinos, que se resisten a ser títeres del modelo de capitalismo salvaje imperante, encontramos en el Magisterio de la Iglesia una fuente de inspiración válida. Acaba de señalar Juan Pablo II que la política necesita ser concebida como un servicio. Un servicio que "pasa a través de un diligente y cotidiano compromiso, que exige una gran competencia en el desarrollo del propio deber y una moralidad a toda prueba en la gestión desinteresada y transparente del poder".

El peronismo a lo largo de sus más de 50 años de vida, ha constituido un movimiento renovador de las prácticas políticas anacrónicas. Sus principios universales pertenecen a todos los patriotas decididos a lograr la justicia social, la independencia económica, la soberanía política y el nacionalismo cultural.

El último Perón ya sostenía que cada vez se sentía menos peronista y más argentino, en la inteligencia de sellar una auténtica unidad nacional que determine el abandono de los intereses sectarios a favor de una alta política democrática y de consenso estratégico sobre políticas de Estado. Son las políticas de Estado las que integrarán el nuevo proyecto de nación en el marco irreversible de la globalización y del imprescindible e impostergable continentalismo para negociar poder con el poder trasnacionalizado.

El Papa ofreció dos pistas para una nueva política. Primero "es necesario redescubrir el sentido de la participación, implicando en mayor medida a los ciudadanos en la búsqueda de vías oportunas para avanzar hacia una realización siempre satisfactoria del bien común".

Y en segundo lugar rechazó el recurso de la violencia "como instrumento insustituible de toda confrontación constructiva, sea en las relaciones internas de los Estados como en las internacionales".


6.- Responsabilidad, prudencia, fortaleza y templanza.

Las cuatro virtudes cardinales clásicas complementan el corpus doctrinal de la nueva política que el peronismo auspicia con valor militante y sentimiento patriótico.

Responsabilidad: el ser humano es el único que medita antes de actuar y cuando actúa orienta a los ciudadanos que conviven con él. Por tanto, la responsabilidad política requiere una doble exigencia pues no se limita sólo a mí accionar sino sobre los efectos que mí accionar provoca en los otros.

Prudencia: la prudencia es inseparable de la política, como la ética. La prudencia, entonces, es el manejo racional de los medios para acceder al bien general.

Fortaleza: la justicia es la restitución de los bienes según corresponda. Y la fortaleza la fuerza espiritual que me anima para lograrla.

Templanza: para mantener la justicia con fortaleza necesitamos de la templanza, es decir, de la moderación para no perder el bien general conseguido.

En este particular momento por el que atraviesa la gobernabilidad argentina, la prudencia es sinónima de sapiencia, de sabiduría, que nace de la realidad porque lo prudente es lo conforme a la realidad. Y siguiendo el apotegma rector tantas veces citado por Perón "la realidad es la única verdad".


CONCLUSIÓN ABIERTA

La falta de reflexión, consecuencia directa de los que claudican y se resignan, de la falta de creatividad y voluntad política de transformación, es la materia pendiente a rendir por los políticos antes de que sea tarde. Reflexión para abrirle las puertas al diálogo que nos depara más pluralismo, intercambio de ideas y exposición leal de nuestras convicciones.
Un nuevo proyecto de nación es el objetivo que nos alienta para salir de la acusación coyuntural y del facilismo remolón en que solemos caer en las confrontaciones de propuestas inconducentes.
La gran propuesta de todos los actores políticos comprometidos en la nueva política que recupere a la Política, debe desembocar en el nuevo proyecto de nación. Estamos en deuda con la ciudadanía y con nosotros mismos. Porque quienes han abrazado a la política con vocación de servicio tenemos la obligación de hablar de los temas acuciantes. En la democracia nadie puede ser amordazado, ni por los estamentos poderosos del establishment financiero ni por los que creen que existe un pensamiento único que los hechos demuestran su fracaso y su nefasta consecuencia en la Patria.
Con esperanza hemos comenzado a tender puentes de fe que unan a los diversos sectores que luchan por el cambio social. Para llenar de jóvenes a la Política. Para caminar con la frente en alto y mirarles los ojos de nuestros hijos persuadidos de que la Política no es una mala palabra, sino la segunda actividad más noble del ser humano, después de la religión, según el Santo Padre.
No somos los enemigos de nadie. Tampoco somos retrógrados ni salimos a desempolvar teorías del pasado. Pensamos el futuro, fijando posiciones contundentes que garanticen la gobernabilidad y nos ayuden a superar las duras contingencias causadas por el neoliberalismo. El modelo de recesión no se modifica por arte de magia. Se modifica a partir de una nueva política.
Por ello, en defensa de la identidad nacional agredida queremos ser lo que somos: argentinos.


Dr. José María Díaz Bancalari
Diputado de la Nación
Provincia de Buenos Aires, noviembre de 2000.-