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Nuestro
país ha sido testigo y protagonista durante este año y medio
de grandes cambios políticos. Pero no todos hemos sido testigos y/o
protagonistas. Hay alguna gente que no ha testificado cambio alguno, pues
piensa que seguimos exactamente igual (o "peor"...) que antes, no
sólo en el aspecto del carácter y gestión de los actuales
líderes políticos, sino también en materia institucional
y democrática. Sin embargo, ha habido cambios que son radicales e históricamente
definitivos (revolucionarios, podríamos apropiadamente decir). Sólo
mencionaré un detalle sobre esto, para sacudir un poco la mente de
los escépticos. Durante año y medio la casi totalidad de los
medios de comunicación ha estado totalmente (con redundancia y todo
)
en contra de la figura y la gestión del presidente Chávez; sin
embargo, las propuestas de este último han ganado electoralmente por
apreciable mayoría. Los que tienen ahora el poder comunicacional, los
actuales "líderes" del sector privado, y sus ideólogos,
pues, no son los mismos que los que tienen hoy el poder electoral, la mayoría,
como debe ser en una democracia, a diferencia de situaciones anteriores. Aunque
la democracia se ha rescatado significativamente en ese sentido, pues, queda
mucho por avanzar, sobre todo en lo referente a la participación de
las comunidades locales en las decisiones sobre lo que les atañe. Incluso
en lo mencionado las cosas van a mejorar ahora, pues vendrán nuevos
líderes en el sector privado, entre los intelectuales y competencia
de nuevos medios, que tendrán más respeto y más acogida
entre la mayoría de los venezolanos, y tendrán más éxito
como consecuencia de ello.
Los cambios políticos, sociales e institucionales continuarán
por buen camino, para rescatar la legalidad, la participación, la propia
dignidad como individuos y como país, la igualdad de oportunidades,
de las garras del rentismo, los privilegios mal ganados y la corrupción
moral en el ámbito público. Claro que todavía vendrá
alguna convulsión resultante de la tensión entre lo nuevo y
lo viejo, los errores y los aciertos, los resabios del pasado y la erupción
de las ansias de renovación, el oportunismo político y los liderazgos
verdaderos, la adulación y la crítica oportuna, la irresponsabilidad
y la sensatez. Pero lo que se vislumbra es realmente esperanzador y apela
a la participación, sobre todo de los nuevos actores, de los que siempre
esperaron esta oportunidad y ahora la tienen, los que están recapacitando
y saliendo de su ceguera (propia o inducida...), e incluso de los que estaban
anclados en la resignación a la inferioridad ideosincrática.
En materia económica tengo también muchas esperanzas. Primero
que todo, la situación macroeconómica está estabilizada.
Los famosos "ajustes", consistentes en cuadrar las cuentas fiscales,
controlar la inflación y balancear el sector externo, que costaron
en otros lugares mucho más en términos de producto, empleo,
inconformidad social y tiempo perdido, aquí se han logrado prácticamente
sólo en año y medio. El potencial de crecimiento ahora es altísimo.
Por un lado, la situación de increíble autarquía intertemporal
en que nos encontramos debe revertirse naturalmente, al cambiar las expectativas
y la fe en nuestro futuro. (Lo de autarquía intertemporal significa
que los que podrían ser productores en el futuro -los potenciales inversores
de hoy- no lo serán porque los productores de hoy -y ahorradores- no
les dan crédito. El crédito hoy es sólo el 10% del PIB,
cuando llegó a ser aproximadamente 50%). Por otro lado, las posibilidades
de desarrollo son esperanzadoras a juzgar por los planes (y el mandato constitucional...)
de inversión en capital humano (educación, salud, seguridad
social), base de todo desarrollo según la teoría moderna y la
evidencia empírica en ese campo. La integración económica,
comercial, financiera y monetario-cambiaria (esto último no está
en planes... ¡por ahora!) a nivel de Latinoamérica se presenta
como un elemento dinamizador muy prometedor, al fundar el aprovechamiento
de economías de escala en la producción agrícola, industrial
y de servicios. Un detalle en la promoción del desarrollo con el que
hay que tener especial cuidado y urgencia es el de la situación bancaria.
La intermediación financiera es crucial para el desarrollo, y ya basta
de descuidar y posponer la regulación estratégica de ese sector.
Eso es tan importante, que uno de los países más anticomunistas
del mundo, Taiwan, ha financiado su desarrollo económico, modelo para
el mundo no sólo en tasas de crecimiento, sino en robustez financiera
(el único país, realmente, que resistió la crisis financiera
asiática a pesar de su tamaño y de poderosos países de
referencia como Japón) y solidez en indicadores de desarrollo social
integral (los índices de distribución del ingreso son de los
más igualitarios del mundo), ¡con el 80% de la banca en manos
del sector público!
Por último un par de predicciones: la bolsa va a subir hasta 10.000
puntos en el transcurso de un año o menos; el precio de los bonos de
la deuda venezolana va a subir apreciablemente, y va a bajar notablemente
el riesgo país.
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